miércoles, 23 de mayo de 2012

El monstruo que vive en mi cabello

0 comentarios
 

Algunos días me levanto y soy simplemente una persona con cabello ondulado. Claro, tengo otros problemas, como que tengo demasiado cabello, la hebra muy gruesa y una aversión por el blower que me hace repetir el mismo peinado día a día, porque es, al final, lo más fácil.  

Nada de eso importa la mayoría de las mañanas, donde me paro y tengo problemas más grandes que mi cabello (las ojeras, por ejemplo. Ya sé que dicen que son genéticas y todo eso, pero esto es absurdo. ¿Cómo es posible dormir 8 horas y tener tantas ojeras?). Primero viene el maquillaje. Luego el sufrir frente al closet lleno (ya hemos tenido esta discusión). Luego que si los zapatos combinan y que si la cartera, y oh, no, tengo demasiados accesorios y no tengo idea que va con esto. Como entenderán mi cabello es la última preocupación de la mañana. 

Otros días me levanto y soy algo así como Hermione, pero en el primer libro/película, allá cuando su cabello no había experimentado las maravillas que un poco de magia/Holllywood, pueden causar. Ya sé que se lo imaginan. Algo así, como la reencarnación de Tina Turner en los ochentas, con los cabellos para todos lados y ninguna posibilidad de lucir remotamente presentable a menos que me lo amarre. 

Son días como esos donde comienzo a apreciar el cabello liso. Claro, el blower les dura exactamente tres minutos (a mi hasta que no me eche agua encima no se me va) y los rizos duran medio minuto (la tenaza también es mi amiga, los rizos pueden durarme para siempre), pero al menos aquellas afortunadas con cabello liso no tienen que sufrir lo que sufro yo, mañanas como hoy, frente al espejo. 


*Traté de encontrar una foto de un “bad hair day”, pero creo firmemente que nadie se toma fotos esos días. O eso a las escondí tan bien que ni yo puedo encontrarlas ahora. Así que los dejo con una foto de mi cabello, y del cabello que, a veces, querría tener…

martes, 22 de mayo de 2012

El inesperado placer de estar incomunicado

0 comentarios
 

Seguro que ya ni se acuerdan, pero había un momento donde no todo el mundo tenía celulares. Donde, cuando querías encontrarte con tu novio, tenías que ponerte de acuerdo en una hora y en un lugar. Done salías de la casa y nadie podía llamarte para ver que estabas haciendo. Donde la frase: Déjame una  llamada perdida y salgo, no existían.

Es más, había un momento, un poco antes del que recién mencionamos, donde NADIE tenía celulares. Donde la gente tenía radios o beepers, o, aun antes…absolutamente nada. 

Sí, yo sé. Yo tampoco lo recuerdo muy bien.  Pero pasó. Y no hace tanto tiempo. No es cuestión de libros de historia. Pasó hace poco. Lo curioso es que los niños que están naciendo ahora nunca conocieron este momento. Cuando digamos, en el futuro, que nosotros lo recordamos, nos dirán viejos. Y lo estaremos. 

En estos tiempos eso es imposible. Todo el mundo sabe dónde estás y hasta que haces. Te pueden localizar en un momento, a través de tu celular. O un mensaje en whatsapp. O quizás actualizaste tu status en Facebook, o te pareció divertido algo e hiciste un comentario en Twitter. Es casi imposible esconderse. 

Hoy en la mañana, sin embargo, tuve uno de esos momentos como sacado de otra época. Mi celular no sonó. Ninguna llamada o mensaje. Cero notificaciones. Nada. Solo yo y mi computadora.  Les debo confesar que no lo extrañe. Fue más fácil concentrarme. Eso sí, a la hora de salir a almorzar me di cuenta que algo raro estaba pasando.  (Por alguna razón inexplicable, no tenía señal. Apenas apagué el celular y lo volví a prender me entraron todos los mensajes que me había pedido)

Y, aunque realmente disfruté la mañana en silencio, les voy a admitir que me puse muy, pero muy feliz de estar, nuevamente, comunicada con el mundo.

lunes, 21 de mayo de 2012

El miedo a los 30

0 comentarios
 

Con cada año que pasa el número se va haciendo más y más grande. Se ha vuelto inescapable. ¡30, 30, 30! Escucho un coro de personas gritándolo en mi oído.  Ahí está, esperándome.  Algo así como la meta a la que no quiero llegar. Pero aun así sigo caminando. ¿Qué más voy a hacer? Pa atrás ni pa coger impulso, como diría mi abuelo. 

Les debo confesar que los 30 nunca me han preocupado mucho. Probablemente porque los veía muy lejos. Estoy acostumbrada a ser la más chiquita en todos lados: en la escuela yo era la que no cumplía quince hasta un año después que todo el mundo, en la universidad la única que entro sin cédula y tenía que pedir prestada alguna para entrar a las discotecas. En el 2004 tomé un Diplomado en Creación Literaria en la UTP. Lo recuerdo con mucho cariño. Era la más pequeña del grupo, por bastante. 

Siempre ha sido así entre mis amigos (todos mis grupos de amigos). Ahora, sumergida en el mundo literario, escucho frases como, “Si,  una de las escritoras jóvenes…” o “La nueva generación….” Es más, ya lo tengo asumido. Todo el mundo me tratará como a la bebe.  Soy la bebe.

Excepto que quizás ya no. Que miedo, ¿no? 

Y ahora, ¿qué se supone que hace uno? Esto de ser adulto y responsable o lo que sea es muy, pero muy confuso. Cada vez extraño más la universidad. O, quizás, extraño la escuela. Allá, esos tiempos cuando pensaba que mis decisiones tenían consecuencias (pero en verdad no las tenían), que acostarme a la medianoche era trasnocharme (ahora sé que esa frase solo aplica cuando no duermes nadita de nada en toda la noche), que mis notas eran lo más importante del mundo (en verdad no lo eran), que mi ropa estaba al último grito de la moda (ahora me da ganas de esconder todas las fotos) y que tenía todo el futuro por delante.

Quizás en la última no me equivoqué, pero, me estoy comenzando a dar cuenta que ya estoy viviendo en ese futuro. La pregunta es, ¿y ahora qué?

jueves, 17 de mayo de 2012

Top 10 female characters in literature I would like to trade places with

0 comentarios
 
  1. Scarlett O’Hara (Gone with the Wind): It’s all about the dresses. And the food. Well, and the dresses. And Clark Gable as Rhett Butler doesn’t hurt. It probably wasn’t an easy time to be a woman, but the more I think about it, the more I’m convinced that, given the opportunity, I would have acted exactly like her.
  2. Katniss Everdeen (The Hunger Games): Sure, she can be a little (or a LOT) clueless, and her endless back and forth had me wanting to strangle her at times, but she does survive two Hunger Games. And a war. And, in the end, she gets the guy .So, yeah. Not bad.
  3. Hermione Granger. (Harry Potter) She’s smart. She’s a good friend. She’s the only one in the whole series who actually read Hogwarts, A History. She fights alongside Harry till the bitter end. In a lot of ways, she’s the glue that holds it all together. Oh, and she ‘gets’ it, long before Harry and Ron do.
  4. Josephine March. (Little Women) A bit clichéd, I know, but she IS a writer. And she’s the only one who has the courage to follow her dreams. Plus she gets Plumfield and turns it into this enchanting school. And I always had a thing for Professor Baher.  
  5. Anne Shirley. (Anne of Green Gables) When I was little I wanted to see the world as she did, with magic and beauty everywhere. I still kind of do. I still kind of want the red hair, too. And, yes, I still want Gilbert Blythe.
  6. Elizabeth Bennet (Pride and Prejudice): She gets Mr. Darcy. I repeat, she gets Mr. Darcy. Oh, and she also defies conventions, manages to confront the things about herself that make her happy ending much less likely, and, in the end, chooses her own path.
  7. Daenerys Targaryen (Game of Thrones): It’s all about the dragons. And the skimpy outfits. And, did I mention she has three dragons? We still don’t know how her story will end, but, all things considered, her chances of “winning” look better than most of the guys in this series.
  8. Beatrice (Much Ado about Nothing): She has the best lines! And although she’s just as easily manipulated as the rest of the characters on this play, in the end, it seems the manipulation only managed to open her eyes to what she really wants. And she’s willing to fight for it.
  9. Éowyn (Lord of the Rings): She’s the only truly strong female character in Tolkien’s books. And, though, at first, her attachment to Aragorn kinda bugged me (he is CLEARLY not the guy for her), she ends up proving that she’s much more than whom she’s chosen to care for.
  10.  Lyra Silvertongue (His Dark Materials): She’s only twelve when the first book begins, but Lyra can read the alethiometer, ends up  traveling into other worlds, befriends Iorek Byrnison (the most amazing talking animal in literature), and earns the nickname “Silvertongue” after proving that words are the most powerful weapons of all.

*There are many more wonderful female characters in literature I would NOT trade places with for anything in the world. Maybe I can write a later post about that. This is just about those I’d trade places with.

martes, 15 de mayo de 2012

Las hormonas, Murphy y los días como hoy.

0 comentarios
 

No me gusta meter a las hormonas en mis problemas, principalmente porque conozco a muchas mujeres que parecen querer echarle la culpa de todo. Que si estoy de mal humor, es por las hormonas. Te dije una grosería, pues, entiéndeme, estoy hormonal. Que si un segundo estoy feliz, el otro contenta, no es que sea bipolar, noooo, son las hormonas. Bueno, el punto es que yo prefiero dejar a las hormonas fuera de mi narrativa. Ellas no me controlan.

Pero hay días, oh, hay días, donde me gustaría poder echarles la culpa. Días que van tan pero tan pero tan mal, que uno comienza a preguntarse si alguien allá arriba esta divirtiéndose a costa tuya. Algo así como un chiste cósmico. O quizás es que, una vez que comienzas a rodar, ya no hay nada que te detenga, y todo, absolutamente todo, seguirá saliéndote mal. (No voy a borrarlo ahora, porque ya lo escribí, pero eso de rodar me hizo sentir, además, como una bola. El poder de las palabras)

Si algo me enseñó la facultad de derecho fue a como disimular, pero debo admitir que mantener la sonrisa fue casi imposible hoy. Seguro que se me notó. Y, pues, si no se notó, me tendré que meter a actriz. (Si por aquí se encuentra alguna de esas personas que tuvo la desdicha de encontrarse conmigo el día de hoy, siéntanse libres de decirme la verdad. Digo, para ver si tengo que replantear mi carrera) Pero ese no es el punto, no. El punto es que, cuando llegué a mi casa, esperando esconderme debajo de las sabanas para ver si este día se terminaba de una buena vez, descubrí que, como las plagas de Egipto, que todas vienen juntas, o quizás como si mi amigo Murphy hubiera decidido hacerme una visita, pues las hormonas,  esta vez, si podían tener la culpa.

Ah, y además de eso, comí algo ayer que me cayó mal. Mi estomago me odia. Y sí, creo que me estoy resfriando. 

No sé si le voy a echar la culpa a las hormonas (porque sii, honestamente, hoy todo y todo el mundo me molestaba), a Murphy (¿será que me dejas en paz de una vez por todas? Tiene que haber más gente a la que puedas ir a molestar) o simplemente diremos que hoy fue un mal día, pero si sé que ya es hora de seguir mi propio consejo. Hoy voy a dormir temprano. Mañana, gracias a Dios, será otro día.

domingo, 13 de mayo de 2012

El proceso creativo

0 comentarios
 
Decir en voz alta: ¡Quiero escribir! termina siendo visto como una petición. Todo el que te escucha, sea escritor o no, sea lector o no, de repente, tendrá una opinión sobre lo que debes o no hacer. Cuando comencé a escribir recibí muchos consejos, quiero pensar que bien intencionados, sobre cómo escribir. Primero haz esto, y luego aquello, me decían unos. No, no, es al revés, decían los otros. Lo importante es saber de qué vas a escribir, me juraron. O, no, lo importante es que quieres transmitir. Los consejos eran numerosos.

Ninguno me sirvió de mucho. Lo que sí lograron fue confundirme por un tiempo. Intentaba planear los cuentos. Sentarme y madurar una idea antes de ponerla en papel. Analizar que pensaba transmitir y como iba a hacerlo. Y, después de todo ese análisis, nunca escribía nada.

Claro, era muy joven entonces. Tomaba todos los consejos. Me importaba muchísimo lo que dijeran los demás. 

La vida te va dando lecciones. La primera de ellas, y quizás, la mas importantes, es que todo el mundo tiene una manera de hacer las cosas. Pero no son intercambiables. Es necesario encontrar tu propia manera de hacerlas,  o nunca te sentirás satisfecho.

Conozco gente que no puedo escribir en computadora. Que necesita escribir sus historias a mano o no les viene la inspiración. A mí, al contrario, la libreta me causa algo así como ansiedad. La página en blanco parece estar burlándose de mí cada vez que intento escribir con pluma y papel, como en los viejos tiempos. Además odio tachar (siempre he dicho que tengo rasgos de OCD) y cuando quiero corregir algo termino comenzando de nuevo. Al final no avanzo nada.

La computadora, sin embargo, me inspira. Es tan fácil escribir, cambiar de opinión, editar enseguida. No necesito un diccionario porque ella misma me sugiere sinónimos y me señala las palabras repetidas. Si no fuera por ella no sé si podría escribir.

Tampoco soy de esas que planea absolutamente todo. Entiendo los méritos de saber lo que viene, pero yo no puedo funcionar así. Cuando se lo que viene ya no quiero escribirlo. A mí me gusta descubrir la historia mientras la voy escribiendo. Yo sé el comienzo. Lo demás surgirá en el camino. Esa es parte de la magia.

Un muy querido amigo mío escribe con música alta. Yo necesito silencio completo. Prefiero la madrugada. Hay algunos que se levantan a las 5 AM para escribir. Yo nunca me he puesto horarios. Escribo cuando salga. A veces sale todo de una. A veces no se me ocurre nada por meses. Así es la inspiración. 

Hay variantes de todo. Esas cosas que te dicen, normalmente tienen una razón de ser. Pero no todas tienen que ser ciertas para ti. 

Cada uno tiene su proceso creativo. Y, quizás, la lección más importante que se puede tomar de tantos escritores y tantas maneras de hacer las cosas es que, todos funcionan. Solo es cuestión de encontrar el que le funcione a uno.
 
© 2012. Design by Main-Blogger - Blogger Template and Blogging Stuff