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lunes, 13 de agosto de 2012

I’m having the worst Monday since last Monday

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Ya sé, soy como un disco rayado. Lunes, lunes, lunes, que malos son los lunes, odio los lunes, sálvenme de los lunes, etc, etc, etc. Pero estoy segura que, en el fondo, ustedes están de acuerdo conmigo. Los lunes son un asco.

Juro que el mundo conspira contra mí. No puede ser de otra manera. El lunes me toca la clase de ejercicios más difícil (aparentemente para que comencemos la semana con energía, YEAH RIGHT), me levanto y de repente, no me gusta lo que había decidido ponerme para trabajar, el delineador no tiene punta, no hay leche para mi cereal, los zapatos que ya había escogido no combinan con la nueva ropa y, para colmo, se me cruzan todos los idiotas de Panamá camino al trabajo. 

Aun así, persevero. No hay que comenzar la semana con el pie izquierdo (PERSEVERAR en este caso se refiere a poner una canción hater en tu ipod mientras manejas y cantarla en voz alta para sacarte la rabia, tomarte una taza de té cuando llegas al trabajo y bajo ninguna circunstancia comerte la barra de Baby Ruth que tienes escondida en tu cajón para aquellos momentos donde el mundo se te viene encima).

Creo que la respuesta al agobio de los lunes es ponerme un To-Do list semanal. Así como el To-Do list de cosas de mi trabajo que me persigue a donde vaya y que esta convenientemente localizado donde pueda verlo no importa cómo me mueva en mi oficina. Ese en el que si voy tachando cosas porque I actually accomplish them. Pues, así. 

Es que esta semana, esta semana seré productiva. Tú, lunes, no podrás conmigo. Me mantendré positiva. Revisaré por fin esos cuentos que tienen siglos de acumular polvo metafórico en mi USB. Terminaré el capítulo catorce mi novela (creo que lo comencé hace tres meses. Es pánico escénico, lo admito. Tengo miedo a terminar). Haré ejercicios todos los días. No comeré como cerda. (Esto incluye, pero no está limitado a la cena familiar de cumpleaños de mi hermana, el pastel que seguro le compran, la cena semi-familiar de cumpleaños, y assorted porquerías que queden en la refrigeradora producto del antes mencionado cumpleaños) y sobre todo, sobre todo, terminaré de leer 2666. Bueno, creo que lo terminaré. La cosas está más seria de lo que pensaba.

El punto es que, si, los lunes son un asco, pero eso ya debería saberlo. Es solo cuestión de sonreír y seguir caminando. En algún momento tiene que mejorar la semana. ¿Verdad? ¿VERDAD?

lunes, 6 de agosto de 2012

Hay tantos lunes que los viernes están armando un sindicato…

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Hoy parece que va a ser un lunes de esos. Si, de ESOS. Rainy days and Mondays always get me down, dice la canción. Y, cuando se combinan las dos, pues la cosa se pone doblemente dura. No ha llovido todavía, pero, como están las cosas últimamente, mejor me resigno. Seguro cae el chaparrón en el peor momento posible. Como cuando quiero salir de aquí y comprarme algo que no debería comer para el almuerzo. 

Todo esto me ha puesto a pensar, ¿qué tienen los lunes de diferente del resto de los días donde tenemos que levantarnos temprano, agonizar sobre qué ponernos, qué zapatos combinan, qué accesorios se ven bien, y después de eso pelear con el tranque para ir a trabajar? (Bueno, quizás lo de agonizar y todo eso solo lo hacemos las mujeres) Hay cinco días iguales en la semana, pero, por alguna razón, los lunes se llevan toda la mala fama. 

Quizás es porque el día anterior no nos movimos del sillón. Dormimos hasta tarde. Comimos de más. Hibernamos. O, a lo mejor fuimos a la playa. Pasamos el día tirados en la piscina. Fuimos al cine. Todas esas cosas que no hacemos en la semana porque no tenemos tiempo.
Pero, el lunes, el lunes todo comienza de nuevo. La dieta. Las obligaciones.  El stress. 

Hay gente que disfruta los lunes, eh. O al menos dicen disfrutarlos. Las hay. Conozco a un par. No pretendo entenderlos, pero los conozco. Yo no me quiero parar ningún día de la semana, no vayan a creer que los martes ya de repente me despierto con energías, pero los lunes, por alguna razón, siempre aprieto el botón de snooze de la alarma más de una vez. 

Lo curioso de esto es que no puedo tener más sueño que el resto de los días porque, a veces, duermo menos el fin de semana que durante la semana. Así que no es el sueño. No es que odie mi trabajo, porque realmente, lo disfruto. No hay ninguna buena razón. Excepto que es lunes. 

Es psicológico, ya lo sé. Los lunes pueden ser malos, pero también los martes, o los jueves. Los jueves tienden a ser fatales. Pero, no tienen la mala fama. ¿Qué se va a hacer? Crea fama y acuéstate a dormir, como dicen. Y pues, hoy, hoy me voy a quejar. Porque es lunes. Y tengo derecho. 

Pero, como aprendí de Monty Python, no nos queda más que “always look at the bright side of life,” y seguir adelante. La mejor cosa de los lunes es que, al final,  después de las quejas, después de la lluvia, queramos o no queramos, siempre, siempre se acaban.
 
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