miércoles, 24 de septiembre de 2014

My favorite banned books

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by @jesspetrella

There’s a certain magic in being told you can’t do something.  If teachers (and parents) could only understand that the word makes you want to do it even more, then they probably would dispense with the notion. But, even after all these years, we keep telling people not to do stuff. Not to think stuff. Not to read stuff.

Now, this is not meant to be a deep and philosophical post, so let’s just focus on the books you are, apparently, not supposed to read.

I was introduced to the idea of you can’t read books very, very late in life, for my parents never even mentioned it. I read Lolita, for example, at an age when I’m not wholly sure it was appropriate and if Saramago and Dan Brown thought they could surprise me with their theories on Jesus and/or the church, then they don’t know the kind of things I found in the library at home. Point is, I didn’t know, as I do know, that the moral police was out there, ready to tell you what you can and cannot read (possibly to try to influence what you can or cannot think).

Most of the so-called banned books are not banned now, though I’m sure there are many people who still consider them books to avoid. (The dangerous ideas you might GET from them, oh no …). And so, in honor of those people, I now present a LIST of my absolute favorite banned books I learned many dangerous things from them, indeed. How to think for myself. What freedom meant. The importance of speaking up.  

Just imagine what would happen if all kids read them.

(In no particular order)

1. The Great Gatsby. I always wanted to write this book. Not to write like Fitzgerald, I wanted to wake up having already written this wonderful book about not so great characters  who are, nevertheless, as real as they come.
2. Nineteen-eighty-four. How to explain fear if you can’t quote 1984? How to talk about dystopias? How to understand totalitarianism?
3.  Gone with the Wind. Scarlett O’Hara showed me woman can be strong. Against all odds. Even when it seems impossible.
4. Fahrenheit 451. Ironic, a book about banning books ends up banned because, well, it shows us that banning books doesn’t work. I love my ironies.
5.  Uncle Tom’s Cabin. History, and the best way to learn it. The best way to find an interested audience. Oh, Uncle Tom, how much you showed me.

How much they all showed me. Those on the list. Those new books who are not on any list but that people insist should be. There are many lessons to be learned from books, banned or otherwise, but the most important one, perhaps, is to make up your own mind. About what to read. And, also, about what to think, and what to do. 

jueves, 11 de septiembre de 2014

Dr. Seuss, Magic and the ghost of bad days…

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I was looking up some children’s books today, and though few things have made me feel better in the past few weeks, somehow, those books did the trick. Maybe it’s because lately I’ve been dreaming about going back to more innocent times. Maybe it’s because they’re simple. Straightforward. Perhaps they remind me of my dad, of easier times, of being happy.

Or maybe it’s that there’s magic in there. Real, undeniable magic. The kind you feel even though it makes no sense, the kind that lifts your spirits, brings a smile to your face. The magic of belief, of possibility, of hope. The magic of dreams.

Big words for simple books.

As kids, those are the things we learn. As adults, though, isn’t it true that, from time to time, we need a reminder of those lessons we learned when we were little? As toddlers we learn to dream and hope, and yet, sometimes, when we grow up, we lose sight of that. We lose sight of a great many thing.

I grew up surrounded by books, and yet I don’t remember reading most of the stereotypical children’s books till I was older. If I’m to be honest, I grew up surrounded by mostly age-inappropriate books, because my parents believed reading was good, and most things could/should be explained if kids were curious enough to ask.

There were a lot of questions.

Dr. Seuss might not seem like the most suitable reading for my age-group, but today, it brought a smile to my face. Considering how hard that’s been lately, and how today feels like an ominous day no matter where you happen to live, it was just what the doctor ordered. So, yes, it’s September 11th, and thirteen years ago, bad things happened. And they keep happening. Every day. Some are violent, some are cruel, and some are public, but others are private. They don’t hurt any less because of a lack of publicity, though. We all have our secret sorrows. 

Sometimes the questions are complicated, and the answers are simple, Dr. Seuss said. But maybe that’s not the quote we should remember. Perhaps it all comes down to this:

“You have brains in your head. You have feet in your shoes. You can steer yourself any direction you choose. You're on your own. And you know what you know. And YOU are the one who'll decide where to go...” 

lunes, 1 de septiembre de 2014

#YOEscribo

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Tallererar: Acción de realizar talleres.  Revisar, revisar y revisar, comúnmente, en grupo. Forma de  edición conjunta que normalmente conlleva la lectura en voz alta con todos los participantes aportando sus opiniones sobre el texto.

(¿Quién dijo que la palabra no existía?)

La primera vez que asistí a un taller, como participante, nos poníamos en círculo. (Dinámica algo intimidante, ya que no hay como esconderse). Luego alrededor de una mesa. (Éramos menos) Esta vez, cuando me tocó a mi dar el taller (curiosamente, esto da aun MAS miedo), estaban todos sentados frente a mí, como en escuelita.

Duró poco la cosa. (Nunca he sido fanática del orden, quizás es la parte de mí que todavía es una adolescente)

Cuando comenzamos a planear los talleres, la consigna era, con que haya un estudiante interesado, ya habremos ganado algo. (¿Hay algo peor que no esperar algo de alguien?) Esto de escribir, leer, contar, usar la imaginación, es una cosa que atrae a algunos, me dijeron. (Mentira, mentira, mentira). No todo el mundo se involucrará con la dinámica. (Mentira, mentira, MENTIRA). Hay que aprender a aceptar.

(No, no, no)

Aquí están las pruebas. Mis pruebas. Seguro hay más, de más talleres, de una Feria que se llenó como nunca (tanto que no se podía caminar, ni comprar, y eso es bueno, bueno, bueno).






 


Y, créanme, no importa lo que hayan escuchado, los jóvenes si quieren. Si están interesados. Si tienen ideas. Si se les puede llegar. No es imposible. No nos rindamos antes de tiempo. Ya les digo yo, y aquí están mis pruebas. Hay muchas historias en Panamá. Y hay gente para contarlas. Y también, gente para leerlas.

lunes, 11 de agosto de 2014

Lunes de cuento: Mangos

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Es mayo y en mi casa huele a mangos. Mi abuela los prefiere verdes, en una ensalada de esas que casi no se pueden comer, pero con la que sueñas en las tardes de noviembre. A mi mamá le gustan maduros, entre rojo y ese anaranjado que no nos queda más que decir que es color mango, porque no hay otra palabra para describirlo. A mí siempre me gustaron “pintones”, como diría mi abuelo, que al fin y al cabo, es el que siempre nos los trae.
Pasé mucho tiempo extrañándolos. Un día, a finales de abril, me dirigí al Mercat de la Boqueria, dispuesta a darme un lujo. Pero el gusto costaba cuatro euros. ¡Cuatro euros por un mango! ¿Se lo imaginan? Con lo que cuestan los mangos en Panamá. Me dio tanto asco solo de pensarlo que tuve que irme sin él.  Con cuatro euros se compran bastantes cosas.
Me comí un melocotón eso sí, para no irme sin una condenada fruta, y me resigné a añadir una cosa más a mi lista de todo lo que me hacía falta. Al fin y al cabo, no lo extrañaría por mucho tiempo. Ya estaba llegando la hora de ir a casa.
Excepto que la vida no es siempre como uno la planea. A veces pasan cosas malas, que te obligan a revalorar. Otras pasan cosas buenas, que te hacen dar gracias a Dios. La combinación de estas a veces te mantiene lejos de casa.
Regresé el próximo abril, dispuesta a comprarme el mango de cuatro euros y sentirme nuevamente en casa, sentada bajo el palo aquel, en la finca de mi abuelo. Comiendo uno, dos, cinco, siete, tantos como quisiera. Él me los daba ya pelados.
Esta vez no había mangos. Ni uno solo, por más que yo estuviera dispuesta a pagar un ojo de la cara por ellos. Se quedaron solamente en mis ansias, en mis remembranzas de aquel lugar que llamamos hogar.
Planeé regresar tantas veces. Intenté hacerlo. Pero acá tenía una mejor vida. ¿Para qué dejarla? Y si a veces la nostalgia era tanta que me daba por llorar, pues, eso era normal. ¿Cómo no iba a extrañar?
Luego te fuiste tú. Te marchaste. Y yo ya no regresé más. No tenía ganas. Mi casa dejó de existir. Formé un hogar, primero, en un cuartito con miles de fotos, y luego en un apartamento ultra-modernista que seguramente tú hubieras odiado. Con un novio flaco y alto que corría maratones y con el que nunca me casaría, porque ya no creía en eso, ya no creía en nada.
Nunca volví al Mercat de la Boqueria, porque me recordaba que nunca podría volver a pisar mi casa, no aquella que dejé, pero en mis recuerdos, es siempre mayo, tú me abrazas y huele a mangos. 

viernes, 18 de julio de 2014

El tiempo mata mientras cura las heridas

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A veces abro los ojos y no me acuerdo que ahora vivo en un mundo sin ti, papito. Eso es lo peor. Ese momento donde la luz del sol te pega y no tienes problemas ni preocupaciones porque el día apenas está comenzando. No dura mucho, claro está. La memoria es una carga y una bendición. Luego me siento culpable por ese breve momento de paz, aunque estoy segura que tú no me lo reprocharías.

La mayor parte del tiempo estas cada vez que hago una pausa. A veces cuando no las hago. Quiero imaginarte sonriendo, pero no lo logró. Te veo en el hospital, con los ojos cerrados. Siempre. Ahí. No quiero recordarte así. Pero tengo miedo. Si se va esa imagen, ¿se llevará consigo todas las demás? Podre todavía verte sentado frente a la televisión hasta el último momento, aunque los Dolphins fueran perdiendo por treinta puntos. ¿Podré verte cantando una canción de esas que yo siempre decía eran de viejo? O, ¿será que cuando te vayas, te vas por completo?

Es un miedo tonto, dice mi cerebro. También lo dice la gente que pretende consolarme. Lo dice el sentido común, los libros, las canciones. Pero el miedo es más fuerte. Ayer me tomó tres horas recordar tu risa. ¿Si lo intento hoy, me tomara cuatro? ¿Cinco? ¿Podré?

Tenerle miedo a la muerte es normal. Común, diríamos. Pero, ¿sabes que me da más miedo que la muerte, papito? El olvido. No se me ocurre nada peor que olvidarte, que encontrarme en un día donde, al poner mi cabeza en la almohada me doy cuenta que no he pensado ni un segundo en ti. No me dejes llegar allá, papito. Te lo pido. Aunque creas que es lo mejor. Aunque intentes que estemos bien. Bien ya no existe. Bien es un imposible. Y no puedo imaginarme mejor si tu no estas, aunque sea en mi cabeza y en mi corazón.

Por eso hoy me acuerdo. Me acuerdo de cuando te aparecías por detrás, así, suavecito, y asustabas a todo el mundo. Y de cuando me despertabas para ver si estaba durmiendo. Que rabia me daba. O la vez que me despertaste para preguntarme el final de Harry Potter. Qué bueno que te lo conté, papi. Qué bueno que esas cosas todavía están conmigo. Aunque ahora solo sean recuerdos. Aunque ya no haya más.

Nada va a ser lo mismo. Nunca más. Pero todavía se puede vivir (creo). Si lo intento, es porque se lo que dirías. Lo imagino. No sé si con tu voz exacta, pero casi que puedo escuchar las palabras. Y, si, papito. Yo también te quiero. Y lo intentaré. Lo prometo. 

lunes, 7 de julio de 2014

Papá, papito, papi...

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Hay más palabras. Hay muchas. Todas. Estas son las de ahora. Te quiero, papi. Ojalá desde donde estés, me puedas leer. 



Buenas tardes. Comienzo dando las gracias a todos, por estar aquí, por el cariño que hemos recibido, por parte de la familia, los amigos y la comunidad de Bolos, no solo de Panamá, sino de muchos otros países donde mi papá hizo amigos, pasó tiempo, y dejó un poquito de él.

Mi papá solía decir que yo era la mujer de las palabras. Y es cierto. Las palabras siempre han sido lo mío. Pero en estos días las palabras me han fallado. Es curioso como algo que yo siempre pensé estaría ahí siempre se desvanece en un instante.

A pesar de eso,  voy a intentar pararme aquí a hablarles de él. Solo por un momento. Las palabras todavía no me han regresado completamente y, en instantes como estos, sobran.

Mi papá era amor. No porque daba amor, aunque si lo daba, no porque enseñaba amor, aunque eso también lo hacía. No, mi papá era amor. No solo con nosotras, sino con todos los que tuvieron la dicha de conocerlo. Si alguien alguna vez le pedía algo, mi papá se salía del camino por hacerlo. Si alguien le preguntaba algo y él no lo sabía, mi papá lo averiguaba. Cuando estaba chiquita mi papá y yo jugábamos un juego. Creo que le tocó también a Giz. Hasta a mi mamá cuando hacíamos viajes largos. Yo lo llamaba el juego de los useless facts. Ganaba el que averiguaba un fact que el otro no sabía. Yo casi nunca ganaba. En verdad, casi nadie ganaba más que él. Mi papá lo sabía todo. Pero en serio. Jugar Trivial Pursuit con él era una experiencia temible. Muchos años después me di cuenta de que yo si ganaba. Yo aprendía.

Él ya no está, pero nosotras somos mi papá. Somos fútbol americano, somos Argentina, somos golf, somos juegos de mesa. Somos Piero. Serrat. Somos lo que él nos enseñó, lo que a él le gustaba. Somos mi papá.

Como papá lo compartí con Giselle, como hombre que enseñaba, que daba consejos, lo compartí con el mundo. Mi mamá, sin embargo, lo tuvo todo para ella. Hace poco me contó esta historia. Un día, saliendo de un examen, en la universidad, de esos donde uno casi que sabe que le fue fatal, ella le pidió a mí papa algo. Dime algo, Eric. Mi papá seguramente no tenía mucho que decir para consolarla. (Conociéndolo seguramente sabia cuales habían sido cada una de las respuestas que había tenido mala. Él era así). Pero si tenía una poesía para mi mamá. Se imaginan…una poesía.  

Hoy la tierra y los cielos me sonríen,
Hoy llega al fondo de mi alma el sol,
Hoy la he visto…, la he visto y me ha mirado…,
Hoy creo en Dios!

Sin esa poesía quizás no hubiéramos nacido Giselle y yo. 

Es lo que decía antes. Amor. A mi papá le sobraba. Nunca fue egoísta con eso. Nunca fue egoísta con nada. Quizás por eso tenía tanta gente que lo quería. Mucha más, creo, de lo que él se pudo imaginar. Ojala pudieras ver esta gente aquí reunida hoy, papito. Ojalá pudieras darte cuenta de a cuanta gente tocaste, de cuanta gente aprendió de ti, de cuanta gente te llevará con ellos, cada día, a cada paso.

Y ojalá yo pueda en mi vida, en mi trabajo, en lo que escribo, pienso y soy derrochar la cantidad de amor que prodigabas tú, papi. Ojalá haya aprendido algo. Yo creo que sí. Pero como tú dirías,  ahora hay que probarlo.

Termino con esto: Cuando me fui a Barcelona mi papá me hizo prometerle que iba a tener cuidado antes de montarme al metro, que no iba a caminar sola por la ciudad de noche y que iba a ir a ver mucho fútbol. Todas las promesas aún valen. Hace rato que no había pensado en ellas. Pero no son las palabras en específico lo que importa. Es la idea. Cuídate, quería decir mi papá. Cuídate y pásala bien. Y eso haré. Todas lo haremos. Porque, al final, eso es lo que es el amor, ¿no? Mantener las promesas pase lo que pase. 

                                                                                                   -Panamá, 4 de julio de 2014

viernes, 13 de junio de 2014

Viernes de cuento: Suerte

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(Estamos en época de Mundial. Hoy me encontré, por pura casualidad, este cuento, que escribí hace varios años ya, para un taller, y que no ha sido publicado en ningún lado. Se los regalo. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.)


Pelotazo largo, tratando de sorprender…que buen pase, esta solito allá M7, le puede pegar de primera, lo hizo…GOLAZO! Gooooooooooooooooooooooooool!!!!  Que golazo de M7, sin lugar a dudas el mejor jugador de la liga, por no decir del mundo, en una jugada espectacular, providencial, pone a su equipo por delante. M7, SIEMPRE, M7!!!!

Cuando la veo por primera vez me asalta la certeza de que mi vida está a punto de cambiar.

Para mejor, claro está. Las cosas no me salen mal. A mí no.

Lo tengo todo. Y cuando digo todo tampoco exagero. Dinero. Belleza. Talento. Soy el Dios del fútbol. El mejor jugador del mundo. Seguramente también el segundo mejor. Y el tercero. Nadie se compara.

Todos me miran de lejos. Dentro de algunos años me mencionaran con los grandes, con Maradona y Pelé.

Ella parece saberlo. Me mira, y hay algo en sus ojos. Sonríe y me cautiva. No hay nada falso en ella. Al menos nada que pueda discernir fácilmente. Me causa una fascinación que me sorprende hasta a mí mismo. No se parece en nada a las anteriores. No se parece en nada a nadie.

Me embarco en la aventura sin pensarlo.

Que bueno, se va de uno, de dos…hace la Diagonal, madre mía que bueno es… hace un recorte, otro…puede ser un golazo…tira y…le pega al travesaño…que lastima, Dios Mío, que lastima...bellísima jugada de M7!

Todo cambia rápidamente. Ella se preocupa cuando ando por ahí en mi Ferrari, así que lo vendo y me conformo con un Mercedes. Dejo de ponerme aretes de diamantes y ahora le regalo diamantes a ella. Tampoco hago muchos anuncios sin camisa. Me estoy volviendo un hombre serio.

Maduro.

Mis patrocinadores no están felices al principio, pero el hecho es que se hace lo que yo quiera. Sin mí no venderían nada. Yo soy la estrella aquí, y ellos, ellos los encargados de encontrar la manera de mantenerme contento.

Ella es ahora lo que me hace feliz.

Y arranca M7 por dentro, el balón picado para Juanito, otra vez para M7, el control de M7 dentro del área ….peligro de gol, peligro de gol, peligro de gol ….M7 que chuta y ….el portero! La ha parado el portero….que mala definición de M7 con toda la portería para escoger la ha chutado suave y al cuerpo del portero….muy mal…La portería que se le achica y M7 que es que últimamente no mete una!

Estoy pensando en casarme. Creo que es el próximo paso. Ella ya se ha mudado conmigo. Últimamente hasta me escoge la ropa. No me molesta. Es una señal de madurez. Un paso importante. Tengo ahora muchos más trajes sobrios, menos corbatas y camisas coloridas. Al final, es importante la imagen. No puede uno ser recordado como un payaso.

Todo cuenta. No solo meter los goles. Y si uno pasa por una mala racha…pues eso es normal. Hay veces que la pelota no quiere entrar. Es como si tuviera mente propia. Que hoy, hoy no estoy de humor, parece decir.

Nada dura para siempre. Ni las buenas rachas, ni las malas. Al final lo que queda es el talento. Y cuando se es tan bueno como yo, pues todo se arregla.

Ojala se arregle pronto.

Cuidado, cuidado que se viene el gol….mete la pelota Pedro para M7, el tiro y….la falla! ¡LA FALLA! ¿Cómo es posible? ¿Cómo se falla eso?

Todo es culpa de ella. Seis meses y ni un solo gol. No hay otra explicación. No es un problema mío, claro que no. Yo soy el mejor, siempre lo he sido. Aunque si seguimos así corro el riesgo de que la gente comience a ponerlo en duda. Nunca miran asistencias. No se fijan si uno se pasó todo el juego defendiendo porque eso le pidió el entrenador.

Aunque también es verdad que antes, nunca me pedían que defendiera. Haz los goles, M7, eso me decían. Tú solo haz los goles. Nosotros nos encargamos de lo demás.

Pero esto, esto no es culpa mía. He entrenado tan duro como siempre. Las ganas siguen ahí, ahora multiplicadas por la falta de gol. Sigo usando mis tacos favoritos.

No, esto es culpa del cambio en la rutina. De las alteraciones. De ella.

Y yo, yo tengo un deber. La gente me necesita. Esto es más grande que yo. No puedo echarlo todo a perder, no por ella. La inmortalidad me espera.

Viene M7, una buena corrida por la derecha…mira hacia el centro, tiene dos compañeros libres, no la pasa…trata de hacer la individual otra vez, el portero muy atento, hace una bicicleta, otra…no tengo idea de que está tratando de hacer…al fin llega la defensa y….todo queda en nada, solo otro triste intento de M7 que, como todos saben, ya no es el de antes…
 
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