lunes, 22 de octubre de 2012

Esos libros que leímos cuando éramos niños (I): Anne of Green Gables

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A veces veo uno de los libros de esta serie (si, si, les juro. Es una serie. No, que la autora no escribió solo un libro. Vayan a Google si no me creen, que es su amigo. Son ocho. Lo juro) en mi mesita de noche (el cuarto, o el ultimo, mis favoritos), y me detengo a pensar en esos libros que leía uno cuando era niño. Los recuerdos que traen. Las cosas que significan. Cuando yo leí Anne of Green Gables por primera vez, era una niña. La última vez que lo leí, completo, fue hace un par de años. Hoy, de repente, me han dado ganas de leerlo de nuevo. Es curioso como eso pasa con ciertos libros. Nunca se te quitan las ganas. 

Cuando conocí a Anne primera vez yo también tenía once años. Ella tenía el cabello rojo, yo soñaba con tenerlo. Ella amaba leer, hablaba hasta por los codos y tenía muchas, pero muchas ideas. Teníamos la misma edad, pero ya desde ese momento, yo quería ser como ella.

Es curioso, pero ahora que lo pienso, Lucy Maud Montgomery, hace ya más de un siglo, logró en Anne, una verdadera heroína feminista. Por allá por 1908, cuando el libro apareció, una mujer no pensaba, como Anne después pensaría, en ir a la universidad. En hacerse maestra. No, una mujer solo pensaba en tener hijos. Pero Anne nunca fue como las otras niñas.

No, a ella le gustaba la escuela. No tenía interés en ser popular, ni importante. Solo necesitaba una amiga, Diana. Claro, eso, y del cariño de Mathew y Marilla. Lo demás, pues, lo demás era secundario. 

Se aprende mucho leyendo un libro como este. Puede ser que no todas las lecciones se queden con uno, pero algunas permanecen. Anne me enseñó, por ejemplo, que las niñas pueden ser las más inteligentes de la clase. Que no hay que conformarse. Además me enseñó que la imaginación es una cosa poderosa y que hay que seguir cultivándola. También me enseñó que el orgullo es el peor de los pecados, que perdonar es algo bueno y que un amigo de verdad es algo que todos necesitamos. 

Por encima de todas esas cosas, Anne me enseñó que, a veces, nos concentramos tanto en mirar lo que viene que no nos damos cuenta de lo que tenemos. 

Y pensar que todas estas lecciones las recibí a los once años. 

Hoy, en honor a Anne, a Gilbert, a Diana, a Marilla, a Mathew y a todos aquellos personajes que, una vez, cuando estaba chica, me enseñaron tantas cosas, voy a ir a desempolvar mis libros. Siempre vale la pena volver a leer un libro que le trajo a uno tantas cosas buenas.

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